¿Viviendo en victoria? ¿Qué clase de victoria?

La expresión “yo vivo en victoria” se ha convertido en uno de los lemas preferidos de la iglesia cristiana contemporánea. Los movimientos carismáticos han enfatizado la victoria “sobre el diablo” y “sobre toda maldición” , mientras que las iglesias de la prosperidad usan la frase para referir la victoria como sinónimo de buena salud y prosperidad económica. Vivir derrotado, en esta tesitura, significa vivir en la pobreza, en la enfermedad y en medio de muchos y muy difíciles problemas por largos periodos de tiempo.

Con la invasión del pensamiento secular en la iglesia no es extraño que este concepto de “vivir en victoria” sea prácticamente idéntico con el concepto del mundo. Pero el Nuevo Testamento, al tratar el tema de tener una vida victoriosa -que sí lo hace- lo formula de manera muy diferente. Un cristiano está llamado ha vivir una vida victoriosa pero en los términos bíblicos que se verán a continuación.


En primer lugar, tener una vida victoriosa (cristiana) no tiene que ver con la prosperidad económica, ni con exorcismos, ni con la ausencia de enfermedad. Si este fuera el caso, el propio Pablo hubiera sido un fracasado pues durante su ministerio padeció los rigores de la pobreza, la enfermedad y los embates del diablo.


Predicó el evangelio en condiciones de salud precarias (Gálatas 4:13) y aprendió a vivir con hambre en varias épocas de su vida (Filipenses 4:12) soportando numerosos problemas que lo llevaron a perder incluso la esperanza de vivir (Hechos 27:20). Vivir una vida victoriosa significa vivir venciendo al mundo y al pecado. En 1 Juan 5:4 se lee que la victoria que ha vencido al mundo es nuestra fe.


Vencer, en el griego ( νικᾷ), significa conquistar con una éxito extraordinario. Este triunfo contundente de la fe nos hace prevalecer sobre la tentación y las persecuciones y sufrimientos propios del mundo en el que vivimos, y sólo es posible porque triunfamos en Cristo Jesús y no porque lo hayamos conseguido solos. Pablo lo hace claro en Romanos 8:37: “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó” , es decir, por medio de Jesús quien dijo: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33). Usted y yo somos unos vencedores, en el término bíblico, cuando por medio del poder del Espíritu hacemos morir las obras de la carne en nuestra vida (Romanos 8:13).


También, vivir una vida victoriosa significa poseer una imagen correcta de nosotros mismos de acuerdo con la Biblia. Dice 2 Corintios 5:17 que somos nuevas criaturas (o una nueva creación). Ya no somos pecadores totalmente depravados sino pecadores redimidos en los cuales mora el Espíritu Santo y somos progresivamente renovados por la Palabra de Dios. Ya no estamos muertos en delitos y pecados sino vivos para Dios (Romanos 6:11) . El viejo hombre y nuestra pasada manera de vivir ya no nos esclaviza porque hemos sido liberados por Cristo a través de la fe, y ahora estamos vestidos en la justicia y santidad de la verdad (Efesios 4:22- 24). No dejamos de pecar pero el pecado ya no es nuestro patrón de conducta. Por eso vivimos en victoria.


Algunos cristianos evitamos usar la expresión porque la hemos asociado con las falsas esperanzas de la prosperidad. Pero Pablo utilizó la frase para afirmar su confianza en el poder de Dios, que él sabía lo libraría de la tentación, lo haría triunfar sobre el pecado y preservaría su fe hasta su último día. Vivir una vida victoriosa, en este sentido, no sólo es deseable sino resulta una condición no negociable de la vida cristiana.



Reflexión de SEMILLA BÍBLICA

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